El sábado 15 de diciembre, como estaba anunciado, acudíamos a la iglesia, a las 8 de la tarde, para disfrutar de la música que nos ofrecía la Coral Dionisio Aguado. Una tradición que se va consolidando año tras año. Y allí estaban: la directora, la pianista y el coro. Las voces masculinas y femeninas iban desgranando un nuevo repertorio en el que se entrelazaban las melodías, los ritmos, las lenguas, desde la calma al movimiento que nos llevaba a unas olas virtuales donde todos estábamos invitados a la danza. No podían faltar los villancicos tradicionales: Hator, Noche de paz, Adeste fideles. Y la directora, tan atenta siempre, nos animaba a unir nuestras voces – ¡qiué osadía! – a alabar a Dios y volver a las olas virtuales. Los aplausos, incluidos los de las niñas, agradecían tal ofrenda y sentías la empatía que lo envolvía todo. ¡Gracias por estos momentos! Gracias por la Navidad que se acerca.

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