Eran las 8 de la mañana del día 10 de noviembre cuando un grupo de 42 personas de la Parroquia Mª Auxiliadora – y de otros lugares -, poníamos rumbo a Béjar, Candelario, El Castañar y Salamanca. El viaje prometía y así fue. A pesar de la lluvia y lo gris del día, nosotros nos encargamos de ponerle los colores. Llegamos a Béjar, empezamos con una degustación de productos de la tierra y, paraguas en mano, recorrimos sus calles y lugares emblemáticos. Nuestro párroco Esteban, bejarano de nacimiento, fue el encargado de enseñarnos sus rincones y darnos las explicaciones oportunas. Montados en un trenecillo – que fue la atracción de la jornada – , el museo Mateo Hernández, con una obra impresionante en esculturas, el Museo Textil, donde pudimos ver cómo se fabricaban sus famosos paños. También pudimos disfrutar de su comida típica: calderillo bejarano (riquísimo, por cierto). Por la tarde visitamos el pueblo de Candelario, con una arquitectura particular: balconadas, puertas – todo de madera -, guardando una armonía de épocas pasadas, y – como curiosidad – el agua corriendo por sus calles empedradas. A las 18.00 llegábamos a El Castañar, donde se venera a la patrona de Béjar, la Virgen del Castañar. Un lugar con un encanto especial, un entorno de naturaleza lleno de castaños, con los colores del otoño – que le daban un toque único -, y una celebración entrañable. Pudimos disfrutar viendo el camarín de la virgen y de las explicaciones sobre el mismo de la mano del padre Antonio. Con la caída de la noche llegamos a Salamanca, ya sin lluvia, y después de acomodarnos y cenar, salimos a visitar la ciudad. Todos sus edificios estaban iluminados. Disfrutamos de una ciudad llena de historia, con rincones increíbles, que dejan al visitante con ganas de más. La fachada de su Catedral, su plaza Mayor, el Palacio de Anaya, las Universidades, San Esteban, el lugar por donde paseaba Unamuno, los jardines, la calle de la Rúa, la casa de las Conchas… El domingo por la mañana pudimos disfrutar de esos mismos lugares con otra visión, con la claridad del día y esta vez disfrutamos de los interiores de algunos edificios que vimos la noche anterior. Para lo que íbamos viendo, contamos con las explicaciones de Esteban, Fernando y Maribel, que, como buenos conocedores de la ciudad, no se guardaron nada y fue un placer escucharlos. Con la retina llena de imágenes preciosas, con unas amplias sonrisas por lo disfrutado y vivido, regresamos a Madrid en la tarde del domingo, dando por finalizado un viaje que… ha sido una gozada!!!!!!!!!! Para repetir en otra ocasión.

Carmen.

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